El Queso de Burgos es, posiblemente, el queso fresco más conocido y consumido de España. Originario de la provincia que le da nombre, en Castilla y León, este producto es el epítome de la sencillez láctea. A diferencia de sus parientes curados, el Queso de Burgos no busca la complejidad ni la maduración; su encanto reside en su frescura, suavidad y ligereza.
🌟 Un Clásico de la Gastronomía Castellana
Aunque el término "Queso de Burgos" no posee una Denominación de Origen Protegida (DOP) específica, ya que su producción se ha extendido por todo el país, su origen histórico está íntimamente ligado a la tradición ganadera de Castilla. Desde el siglo XIX, se popularizó su elaboración en la provincia de Burgos, convirtiéndose en un producto básico en las cocinas de la zona.
Tradicionalmente, se elaboraba exclusivamente con leche de oveja, un reflejo de la importante cabaña ovina castellana. Sin embargo, con la industrialización y la creciente demanda, la mayoría del Queso de Burgos que encontramos hoy se elabora con leche de vaca, o una mezcla de vaca y oveja, o incluso cabra. El uso de leche de vaca lo hace aún más suave y de sabor neutro, ideal para cualquier combinación.
🔬 La Ciencia de la Frescura: Un Queso sin Curación
La característica esencial del Queso de Burgos es que es un queso fresco que no requiere maduración. Su proceso es rápido y sencillo:
Coagulación: La leche (generalmente pasteurizada hoy en día) se somete a coagulación mediante la adición de fermentos lácticos y cuajo.
Corte y Desuerado: La cuajada se corta en pequeños trozos y se deja desuerar (perder el líquido).
Moldeado: Se introduce la cuajada en moldes perforados que le dan su característica forma cilíndrica. El queso está listo para el consumo casi inmediatamente después de ser escurrido.
Su composición final es de un alto contenido en agua (típicamente entre el 60% y el 70%), lo que le confiere una textura esponjosa, tierna y jugosa, y un sabor lácteo muy delicado y ligeramente ácido. Esto también significa que es un queso con una vida útil corta, debiendo conservarse siempre refrigerado.
🍽️ La Versatilidad en la Mesa
La principal fortaleza del Queso de Burgos es su versatilidad. Su sabor neutro y textura tierna lo hacen perfecto para innumerables aplicaciones culinarias, tanto dulces como saladas:
En Postres:
Tradicionalmente, es el ingrediente estrella del postre castellano por excelencia: "Queso de Burgos con membrillo y nueces". La cremosidad del queso equilibra la dulzura y el toque ácido de la carne de membrillo, mientras que las nueces aportan el contrapunto crujiente. También se utiliza con miel, frutas frescas (especialmente higos o fresas) o como base para tartas frías.
En Platos Salados:
Su bajo contenido en sal y su frescura lo convierten en un aliado perfecto para:
Ensaladas: Aporta un toque cremoso y proteínas sin saturar el paladar.
Acompañamiento: Es excelente para incluir en tablas de verduras o gazpachos, donde su ligereza complementa los sabores.
Gracias a su perfil nutricional, bajo en grasas y sodio en comparación con otros quesos madurados, el Queso de Burgos es una opción muy popular para dietas equilibradas y saludables. Es, en esencia, un producto que celebra la simplicidad y la frescura de la buena leche.

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